Sofía, aprendiendo a Volar

Ilustración de @marisol.hevia.1

Hoy os quiero presentar a Sofía, una niña de cuarto a la que le encantan los animales, y es por ello que el otro dia aprendio una de las cosas más bonitas de su vida.

– Hola Dicsi, buenos días, hoy hace un sol radiante!, ¿Por qué estas triste? – le dice Sofía a su pajarito.

Dicsi esta con ella desde hace dos años, todos los dias por la mañana le saludaba moviendo sus alas y cantando una dulce cancion para ella.

Encontraron al pajarito, una mañana a la salida del colegio, al lado de un árbol con una ala rota y decidieron cogerlo para ayudarle, pero de eso hace mucho tiempo…

– Mamá… ¿Porque Dicsi ya no canta, ni bate sus alas?

– No lo sé cariño, quizás este triste…

– ¿Por qué?, si me tiene a mi, tiene comida y está bien… No será eso, quizás este enfermo por dentro. – Dice Sofía a su madre.

Su madre la mira con tristeza y le niega con la cabeza. Y es cierto que todos aprendemos cosas nuevas todos los días.

Ese mismo día, Sofía sin querer pisa una piel de platano y se cae con la mala pata, que tienen que ponerle una escayola y no va a poder moverse.

Todas las mañanas se levanta y pone a Dicsi al lado de su ventana y los dos miran hacia afuera.

– ¡Mira que bien se lo pasan esos niños, Dicsi! – le dice a su pajarito. – Y yo no puedo salir…

Sofia se entristece, al dia siguiente, vuelve hacer lo mismo y empieza hablar más a menudo con Dicsi…

– Mira como corren, y juegan, y saltan, y se lo pasan pipa!! Y yo aquí encerrada sin poder hacer nada… ¡Qué rollo Dicsi…!

En ese mismo instante, el pajarillo la mira y se pone a piar y saltar por dentro de la Jaula, como si ella hubiera dicho algo que él había entendido.

Sofia recapacita en sus palabras y su cara se ilumina y resplandece y en ese instante como magico parece que ambos, niña y pajaro se entienden y se crea una comunicacion interna donde se respira complicidad y el pajarillo se acerca a la jaula y mirándola le pía al oido…

Y es entonces cuando Sofia comprende lo que le ha pasado a Dicsi, lo mira fijamente a los ojos y con las palabras más sinceras desde el corazón le dice:

– Mi dulce Discsi, tengo que disculparme contigo, te he tenido demasiado tiempo encerrado en una jaula de barrotes, para mi invisibles, pero muy reales. – En su cara aparecen pequeñas lágrimas, y en su interior una pregunta muy sencilla.

– ¿Por qué estás triste?, Ahora podré ser libre.

Un silencio se instala en la habitación, la pequeña seca sus lágrimas y le dice:

– No podremos estar juntos, te irás volando y no volverás, ya no estaras conmigo y yo estare muy triste.

– Piensa que siempre volaré por aquí, a la hora de jugar correremos juntos por el parque y sere el único pájaro que venga cuando le llames, pero también podré ver a mis amigos, a mis padres y a mis hermanos… Y venir a comer contigo. – Dice Dicsi.

Sofia lo ha entendido perfectamente y está muy contenta de dejar volar libre a su amigo, y así es como el mismo día que le quitan la escayola ella abre la puerta de la jaula para que su amigo vuele libre, y en su lugar cuelga una casita de pájaro en su ventana, dónde Dicsi con su familia se instala a vivir.

Y todos los dias por la mañana Dicsi y Sofía vuelan libres por el jardín.

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