¿Qué haces…?

– ¿Qué haces…? Le pregunta el pequeño mientras la observa sentada en el muelle balanceando sus pies sin sentido delante y atrás, mirando al cielo mientras sus ojos dejan caer dulces lágrimas saladas.

Ella lo mira y con una dulce voz entristecida le dice:

– Contemplando los pedazos de mis sueños que se han ido al cielo.

Él la mira extrañada y le dice:

– Lo que hay en el cielo son estrellas… ¿las miras a ellas? – le pregunta mientras le sonríe.

– Si pequeño, las miro a ellas. Son los pedazos de mis sueños rotos. – Tal y como acaba de decir estas palabras, vuelve a su posición inicial.

Nico, tan sólo tiene tres años y hay cosas que no llega a comprender, pero le gusta mucho escuchar y esta chica ha llamado mucho su atención.

– ¿Puedes explicarme porqué son los pedazos de tus sueños rotos?

– Claro que sí pequeño, ven siéntate aquí a mi lado. – Le dice Agata al mismo tiempo que palmea con su mano izquierda justo al lado de donde ella está sentada.

Verás… Hace un tiempo atrás conocí a una gran persona que me abrió horizontes inalcanzables para mí, me explicaba ideas y sueños que jamás se abrían pasado por mi cabeza, y me deje llevar… volando con sus palabras, sus sueños y sus grandes ideas de todo lo que podría hacer con el cuento que había escrito.. La ilusión y la magia me embriagaron y entraron en mi corazón avivando cada poro de mi piel y haciendo sentir más viva que nunca, creyéndome que todo aquello sería cierto para mi y se haría realidad… Que por fin mis cuentos y mis palabras llegarían a millones de niños para transmitirles mi magia… Qué bonito, verdad…

Agata agacha su mirada hacia el mar y suspira…

– Ahora estoy en un mundo nuevo, dónde no conozco a nadie y dónde no creo vaya hacer grandes contactos… Aislada por las lluvias y el miedo de las personas las palabras no llegan del mismo modo a mi vida…

Y aquellos sueños llenos de magia… se perdieron cuando su voz tras el auricular me confesó que todo aquello había sido un sueño…

Mi pequeño reloj de arena, se paró cayendose al suelo rompiendose en mil pedazos y su arena dorada salio volando por la ventana… Subió y subió tan alto que esa noche el cielo se cubrió de estrellas doradas.

Y ahora en su lugar… No me queda nada… – Dice Agata mirando al pequeño mientras tira una piedra a la noche oscura.

– Pero… – susurra Nicolás.

Y mirádola a los ojos al mismo tiempo que le levanta su barbilla con ternura, le dice:

– Te queda todo.

Agata lo mira inocentemente y le sonríe con dulzura.

– No es cierto pequeño, sólo queda un nudo en la garganta lleno de falsas esperanzas y un gran dolor…

Él la mira a los ojos, le sonríe y desaparece entre la noche.

Agata se queda pensativa mirando hacia el punto donde ha desaparecido el pequeño, esperando que vuelva sin resultado.

Al levantarse de allí tropieza con una pequeña botella de cristal medio llena de arena y con un tapón de corcho bien cerrado.

Mientras camina hacia la luz del paseo recuerda con ternura la mirada de aquel muchacho, sus ojos llenos de vida e inocencia chisporroteantes mientras le explicaba su historia y ella sonríe con el recuerdo.

– Te queda Todo.

Esas palabras danzan dentro de la cabeza de Agata, cada vez haciéndose más fuertes…

Te queda todo…

Por un momento siente como su interior se llena de nuevo por completo, al mirar en el interior de la botella y ver mil estrellas nuevas para ella y un papel el medio que pone.

TE QUEDA TODO para empezar de Nuevo y Creer En Ti.

Aquí tienes este pedacito de cielo con un millón de estrellas Nuevas para que en la Nada puedas Crear de Nuevo TU SUEÑO.

Con cariño Nicolás tu pequeño Niño.

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